Minina

Pr. Joaquin “Minina” Ardaya

TERRENO DE JUEGO: Ecl 5:1 No te apures a abrir la boca y que tu corazón no se apresure a proferir una palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo, y tú, sobre la tierra: sé parco en tus palabras, 2 ya que los sueños vienen de las muchas ocupaciones y las palabras necias, de hablar demasiado. 3 Si haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque a él no le agradan los necios: el voto que hayas hecho, cúmplelo. 4 Más te vale no hacer un voto que hacerlo y no cumplirlo.

ARMEMOS LA JUGADA: algunos hablamos hasta por los codos, otros apenas abren boca…pero, hay algo que nos identifica a ambos bandos (a los que hablamos mucho y a quienes no lo hacen): en la mayoría de las ocasiones, damos palabra y prometemos ante dios y también ante los demás, al son de las emociones e impulsos naturales de la afectividad, de la sensibilidad de piel, de la presión de otros o también de la autopresión, en realidad; prometemos de acuerdo al juego de la emoción.
ejemplo: en el terreno de juego de la vida matrimonial por citar un campo de acción, prometemos honrar y respetar la relación, y lo hacemos con dios de testigo. la promesa es al cónyuge y el testigo mayor es dios mismo.
si erramos, venimos a dios y al hablarle “que nunca volverá a suceder esto o aquello”, nos arrepentimos y comprometemos a no volver a fallar y eso que estamos ante dios… nos olvidamos inclusive que el dios y hacemos promesas como que sean gratis.
si erramos en casa, también con el cónyuge; al prometerle que “no lo volveremos a hacer”, pero; ni bien tenemos calma en relación a esa escena del juego, dura y difícil y que encima nos pudo costar caro; volvemos a repetir la dosis. es más, si rebobinamos la escena de juego al momento de celebración matrimonial, recordaremos fácilmente esa jugada en la que ante el ministro y los testigos e invitados procedemos a hacer los votos…muchos hemos caído por ese voto de “en las buenas o en las malas, hasta que…”, muchos no hemos logrado ni siquiera aguantar una mala porque ahí mismo caímos derrotados y apartados de esa cancha, expulsados y amonestados públicamente por una mala decisión tomada fruto de esa misma jugada.
En la crianza de los hijos es igual. Prometemos y cedemos ante cualquier invitación externa, lo que nos lleva a fallarles. Todo eso, es fruto de las emociones e impulsos que tenemos, que dicho sea de paso; no son malos, sino que de manera imprudente al dejarnos presionar, se convierten a veces en malos.
…y es ahí donde estos impulsos y emociones, se convierten en consejeros, pero; “malos consejeros”. como cuando hay una jugada brusca en casa, sea con el cónyuge o con los padres o hermanos, dándoles rienda suelta a los gritos de los impulsos y emociones que nos llevan a salirnos del reglamento de vida ya establecido: honra, vaso frágil, cuida, ama, soporta, dominio propio, etc.
la escena que se ve en cancha de la vida es una, mientras que la que se da en el interior de aquel que se deja gobernar por impulsos al abrir su boca para decir y hacer votos o promesas bajo la guía de los impulsos, es otra.
Generalmente o casi siempre, olvidamos que hay algo grande que separa nuestras vidas de dios…así como la tierra del cielo. y es por ello, que no podemos prometer por prometer. con dios la cosa no es para salir del paso, con los hombres lo hacemos y pese a saber que no cumpliéremos, pero con dios no es y menos debe ser así.
en ese entendido, nos perdemos en palabrerías a dios, en promesas incumplidas (“si me das esto hago esto otro señor, te prometo que nunca más, etc.”). el predicador (Eclesiastés) enseña que mejor es ser mudo a decir tanto porque eso (hablar por hablar) trae necedad a nuestras vidas (necedad=estupidez). con dios la cosa es si o si…no hay otra. si le prometo algo debo cumplirlo. ¿Cuantas veces no me he visto obligado por mis impulsivas palabras a “votear por votear” (hacer votos por hacer) sin siquiera pensar y convencerme de que lo lograre cumplir? ¿Has caído (como yo) en prometer a dios ciertas cosas que hasta hoy no lo has hecho? ¡¡¡mejor nos hubiera sido no hacer compromiso si no los hemos cumplido!!!
¿Has caído en hacer promesas a los tuyos bajo el impulso y emoción de la jugada del momento? ¿Has fallado ante es impulso y dejaste que te haga quedar en offside ante tu cónyuge, hijos o padres y amigos?

MARCA EL GOL: “Dios mío, ¡yo sí que soy un “voteador”!, alguien que te ha fallado tanto mi Señor, alguien que ha prometido y ni siquiera algo de eso ha cumplido. Lo peor de esto mi DIOS, es que he hecho votos hasta en la iglesia como haciéndola testigo de mi seriedad y solemnidad del hecho y la decisión. Perdón mi Señor por ser tan estúpido ante ti, cuando mejor me hubiese sido callar. También Señor he hecho lo mismo con familiares, amigos y colegas, a quienes bajo el impulso de hablar por hablar he prometido o en otros casos he maltratado con ello. Perdón mi Señor porque no le entiendo a mis impulsos y su manipulación, pues me logran engañar y con esto de hablar por hablar en Tu Presencia, me han hecho caer. Me acerco ante Tu Trono de Gracia para alcanzar misericordia y hallar oportuno socorro porque al reconocer mi debilidad en esto de hacer votos por hacerlo, he caído en horror y error, he pecado con ello ante ti y he dejado que esto se acumule en mí. Perdón Padre Santo, perdón Hijo de Dios, perdón Espíritu Santo…voy a revisar mis votos anteriores y caminar para atrás para no cerrar el caso sin animarme a empezarlo siquiera (pedí al Espíritu Santo para que te haga recordar tantos votos o tantas palabras que comprometiste bajo el impulso de tus emociones y pedí perdón por cada una de las promesas fallidas que hasta hoy no has cumplido). No quiero prometerte nada mi Dios pero quiero ser Si o SI contigo Señor. En el nombre de Jesús, amén”